Etiquetas

Argumentación (2) dibujos (6) Friki al palo (4) Literatura (13) Poesia (6)
Mostrando entradas con la etiqueta Poesia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesia. Mostrar todas las entradas

¿Fue?

¿Quién es esa persona?
¿Por qué actúa de aquella forma?
¿Qué piensa?
¿Por qué?

¡¿Quién ES?!

 ¿Quien FUE?
 Fue...
 ¿Fue?
 No se.

Café dulce amargo.

¡Recuerda! No recordó.
¡Respira! Respiraba y pitaba, siguió.
Tensaba todo tu ser.
Algo podía ver.
Dijeron: ¡Palabras!
Al menos lo intentaba.

El café lo entibiaba.
Aguoso, caíale pesado.
Lo dulce, percatose,
estaba y lo chocaba,
y no permanecía callado.
Picaba la lengua.

Buscaba algo, no sabía que.
- ¡¿Qué?! - Su mente lo mortificaba.
Chocaba, picaba, callaba, y él se percataba.
Pero, sin embargo, amargo.
No igual que café aquel, que él tomaba cuando la plata escaseaba,
cuando los nudos de la inconsciencia le pedían y le rogaban:
Olvido momentáneo o fuego en sus recuerdos.

Humeó.
Le chocaba, le picaba, y ahora no callaban.
Él aun buscaba.
 Marihuana.




Preso.

¡Anormal, inmoral!
No se si está bien,
no se si esta mal.
Miedo,
apresado a mi libertad.

Preso de mi, preso de mis pensamientos,
preso mis sentimientos.
Preso del corazón.
Preso de un mundo que te quiere ver volar.

¡Quiero verdadera libertad!

Nadie pensó.


Te reías.
Risa falsa, escudo para gente dudosa.
¿Duda?
Eso quiero eso creer.

Te miraba,
vos me mirabas,
afirmaba a todas las estrellas que algo nos encantaba.
Te miraba,
bello aquel momento en que mis ojos descansaban.
Seguro estaba yo, algo nos conectaba.
Volaba y deliraba.

Casi no conversábamos,
pero yo te entendía (o eso pensaba)
tus silencios me encantaban.

Y la historia terminó.
Nadie lo pensó.
Nadie pensó.

Cuando lo conocí.


   Recuerdo cuando lo conocí, aún con la misma emoción de aquel día. Y luego, mi vida cambió.

   Después de haber sentido la cosa más rara y hermosa que una persona puede sentir, todo comenzó a mejorar. Los días solitarios y desapacibles dejaron de atormentarme. La vida ya tenía sentido. Ya no me sentía solo y mis ganas de progreso eran casi manías descontroladas. Hasta ese día no había un alma que tuviese un mínimo interés en contentarme o hacerme sentir que a alguien en este mundo le importaba. Fue hasta ese entonces, cuando lo vi pasar.

   Caminaba lento, con una postura casual. Su cuerpo delgado lo detallaba de una forma hermosa y acentuaba su peculiar forma de caminar. Miraba con ojos soberbios de negro perlado. El pelo no tan castaño le caía por encima de los hombros y lo hacía más hermoso aún.

   Mi mirada se clavo en él, y una sensación inquietante se hincaba en todos los nervios de mi cuerpo.

   Fue entonces cuando mi corazón golpeó y golpeó, y desangró. Morí, pero en ese mismo instante volví a nacer.

Yo, tú, él, nosotros, vosotros, ellos.

No hay nadie,
soy solo yo.
Soy yo, y estoy vacío.

No existen oídos para tantas amarguras calladas
que esperan ser habladas.
O existen tal vez,
pero huyen despavoridos.

No ayudan, no entienden,
se ponen gafas oscuras y se van.

Seguidores